Blanqueo de dinero: los respetables y los criminales
es un artículo de James Petras publicado el 27 de septiembre de 1999 en EL MUNDO.
LOS gobiernos estadounidense, inglés y suizo están metidos actualmente en una investigación de gran alcance sobre el blanqueo de dinero, dinero obtenido de forma ilícita que se ha transferido desde Rusia a Occidente. Las cantidades depositadas en bancos e instituciones financieras occidentales no son pequeñas.
Sumas superiores a 200.000 millones de dólares han salido a raudales de oligarcas, mafiosos, altos cargos gubernamentales de Rusia y miembros y allegados de la familia Yeltsin hacia algunos de los más grandes y prestigiosos bancos occidentales. La mayor parte del dinero enviado al exterior es producto del robo: fondos de empresas rusas de los que se han apropiado ilegalmente, préstamos de Occidente (incluido el FMI) que se han reciclado hacia cuentas privadas y fondos procedentes del comercio de drogas, prostitución y armas de contrabando de la mafia rusa a gran escala. Durante mucho tiempo ha sido algo de general conocimiento que, con Yeltsin, Rusia ha estado en manos de delincuentes y altos cargos corruptos, y lo han comentado en privado voces autorizadas de los sectores privado y público de EEUU y de Europa.
La pregunta entonces es por qué y cómo respetables banqueros y altos cargos de Europa, EEUU e Israel colaboran con delincuentes y altos cargos corrompidos en el empobrecimiento del pueblo ruso y en la destrucción de su economía. El Departamento norteamericano del Tesoro tolera la fuga ilegal de capitales porque constituye una fuente importante de ingresos para compensar los enormes déficits comerciales de EEUU. El dinero de la mafia rusa que se blanquea en Miami o en Nueva York reduce el déficit de la balanza de pagos norteamericana.
En segundo lugar, los más importantes bancos norteamericanos implicados en el blanqueo de dinero son grandes contribuyentes políticos de los dos grandes partidos políticos de EEUU.
En tercer lugar, la mayoría de los principales artífices de la política económica norteamericana procede de esas mismas instituciones financieras implicadas en el blanqueo de dinero y a ellas vuelve. Desde 1985, 32 bancos e instituciones financieras norteamericanas de primera fila han sido multadas por operaciones de blanqueo de dinero. Una vez pagada la multa, vuelven al negocio como de costumbre. Ahora, el desenmascaramiento del Banco de Nueva York y de su papel en el blanqueo de 10.000 millones de dólares del dinero de la mafia rusa viene a ilustrar este asunto. Representantes del Banco de Nueva York afirman que ignoraban que sus altos empleados estuvieran canalizando de manera activa miles de millones de fondos no contabilizados de conocidos cabecillas de la mafia rusa. Mediante el blanqueo de fondos ilícitos, los bancos norteamericanos han posibilitado que los criminales compren empresas legales y que parezca que se han convertido en respetables empresarios.
Cuando los criminales se vuelven respetables, los banqueros respetables se vuelven criminales. La actitud de los gobiernos europeos y norteamericano hacia el narcotráfico es singularmente hipócrita. Mientras que Washington se mantiene vigilante y agresivo en la denuncia de los bancos de Colombia y de México que blanquean el dinero de la droga, acepta, en el caso del blanqueo de los fondos de la mafia rusa, las excusas nada convincentes de los banqueros norteamericanos de que no sabían que las transferencias multimillonarias de dólares que pasaban por sus cuentas eran dinero sucio. ¿Nos van a hacer creer que a los bancos que supervisan semanalmente el rendimiento de todos sus altos empleados, que cada hora comprueban los apuntes contables de sus beneficios, que a diario compiten ferozmente con sus rivales, se les pasan por alto transferencias de miles de millones de dólares? Eso es pedir demasiado a nuestra credulidad.
Resulta mucho más verosímil decir que tanto las autoridades europeas como las norteamericanas eran conocedoras del origen y la naturaleza de la transferencia de fondos ilegales de Rusia a gran escala. Washington ha preferido aplicar un doble rasero al blanqueo de fondos porque le resulta provechoso y refuerza el sistema bancario de los Estados Unidos y los lazos empresariales norteamericanos a expensas de sus competidores. La postura de exigente moralidad que Washington adopta respecto de los bancos latinoamericanos proporciona un práctico pretexto para la intervención en el exterior. La tolerancia de Washington hacia los estafadores rusos que blanquean su dinero en Nueva York tiene también motivaciones políticas: la corrupción debilita la economía rusa y granjea útiles aliados en el seno de la mafia y entre los funcionarios venales. Wall Street prefiere entenderse con oligarcas y mafiosos rusos corruptos antes que con comunistas o socialdemócratas rusos honestos.
La actual investigación acerca del escándalo del Banco de Nueva York seguirá adelante, los grandes banqueros negarán la más mínima complicidad, sus clientes rusos reIvindicarán su inocencia y los mafiosos rusos seguirán actuando en la impunidad. Algunos se agenciarán un pasaporte israelí, otros se moverán por Budapest, Praga, Varsovia y Tirana para hacerse con carne fresca para sus burdeles, supervisar el reclutamiento de nuevos camellos entre los jóvenes desempleados y ponerse en contacto con altos cargos militares que les procuren armas para el contrabando internacional.
En último término, puede que algunos empleados de banca de rango secundario pierdan su trabajo, que los bancos paguen una multa insignificante, que los medios de comunicación pasen a hablar del blanqueo de dinero y de la corrupción en los países ex comunistas y latinoamericanos y que el mundo entero se entere de lo estupendas y magníficas que son las democracias en las que vivimos y de lo honestos y eficaces que son los sistemas bancarios que tenemos en Occidente. La investigación sobre los bancos norteamericanos y europeos implicados en el blanqueo de dinero resultaría cómica si no fuera por sus trágicas consecuencias sobre las grandes masas de trabajadores de Rusia y de la Europa oriental, que progresivamente se hunden en la pobreza, la prostitución y la desesperación. A la postre, los problemas de blanqueo de dinero y de fuga de capitales no son sólo cuestiones de ética, sino políticas.
Los actuales lazos entre banqueros occidentales y oligarcas y mafiosos rusos sólo pueden romperse si surge en Rusia una nueva autoridad política con una gran escoba y una determinación a prueba de bomba. Mientras tanto, Washington, Londres y Madrid prefieren una cleptocracia prooccidental a una democracia social.
James Petras es profesor de Etica Política en la Unversidad de Binghamton (Nueva York).